
Se acabó hace 20 años. Ha sobrevivido gracias a que supo racionar las despensas de todos los habitantes del Pedregal. Recuerda el final del tiempo humano… se murieron todos… y bendice ese momento pues, no hay fauna más hermosa, ni mares más limpios... Ni árboles con planetas autónomos y vidas propias, que los que han nacido después de la peste humana. ¡Los restos humanos han sido el mejor fertilizante!
En sus noches de soledad siente nostalgia… se sabe el clon de un ser vivo… y se consuela pensando que no se puede tener todo en este mundo… aunque su inconciente freudiano le susurra con esperanza, que quizá de esos mundos colgantes en los árboles, un día… quizá un día, nazca algún humano… y su odio, su tristeza, su amor y su miseria serán justificados.
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Ilustración: Gabriel, Texto: Sabina Franz