
Era guapo, alto, rubio, ojos azules, extrovertido, alegre, divertido… casi perfecto. Todas lo deseaban, y él no se dejaba alcanzar. Una mujer lo amó por todo ello y él se sintió al fin comprendido.
Cuando él decidió pasar el resto de su vida con ella, todo cambió. Ya no era el hombre aquel, que parecía una aventura andante, pues ahora ante sus ojos, es sólo una bola de músculos flácidos, ojos poco profundos, vaga conversación, cursilería andando y poco cerebro. Esto es lo que quedó de él, después de que ella se marchó. Sigue sentado en el “Café La Blanca” del centro histórico, sin entender lo que pasó.
Cuando él decidió pasar el resto de su vida con ella, todo cambió. Ya no era el hombre aquel, que parecía una aventura andante, pues ahora ante sus ojos, es sólo una bola de músculos flácidos, ojos poco profundos, vaga conversación, cursilería andando y poco cerebro. Esto es lo que quedó de él, después de que ella se marchó. Sigue sentado en el “Café La Blanca” del centro histórico, sin entender lo que pasó.
Imagen: Gabriel / Texto: Sabina Franz


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